Una experiencia de resistencia en Catalunia: Repensar Bon Pastor

Stefano Portelli 
Colectivo Repensar Bon Pastor
Novembro/2010


Las Casas Baratas de Bon Pastor es un barrio que el Ayuntamiento de Barcelona construyó en 1929, para alojar a los inmigrantes del sur de España, que en esa época llegaban en masas a la ciudad. Se estaba construyendo la línea de metro, y preparando un gran evento internacional: la Exposición Universal. El campo se iba empobreciendo cada vez más; así que una gran ola migratoria interna llevó miles de personas, sobre todo de las regiones de Murcia y Andalusia, a la gran ciudad en expansión. Exactamente como los migrantes de ahora, toda esta población, a ojos de las instituciones, si bien eran útiles para el trabajo, constituían un problema a la hora de la presencia en la ciudad. Así que la idea de construir “casas baratas para obreros” en las afueras de la ciudad, aunque pueda parecer un proyecto socialmente válido, no dejaba de ser un sistema para expulsar a los migrantes de los barrios del centro en los cuales se habían asentado. Muchos pasaron temporadas en las faldas de la montaña de Montjuich, donde surgió una verdadera ciudad de barracas; pero la celebración de la Exposición Universal en esa zona les obligó a marcharse, algunos también hacia las Casas Baratas recién construidas.

Así que, desde su orígen, el barrio de Casas Baratas de Bon Pastor tiene una conotación social y política muy marcada: rodeados por campos, en terrenos expuestos a las inundaciones del río, estos obreros fueron dispuestos en una estructura de calles ortogonales y casitas de planta baja, que en ese momento, cuando aún no había árboles ni ningún tipo de servicios, parecía más un campo de concentración que un barrio. Si bien la calidad constructiva de las casas era buena (para gente acostumbrada a las barracas, o a los escuálidos habitáculos del centro de Barcelona), y las casas disponían de luz, agua y cloacas, los nuevos habitantes debían enfrentarse a toda una serie de problemas. El barrio no tenía centro médico; había escuelas, pero no estaban en función; no había mercado; no había autobuses hacia la ciudad; para cualquier cosa había que llegar andando hasta Santa Coloma de Gramenet, el pueblo al otro lado del río, que generalmente acogía a estos immigrantes con un fuerte prejuicio, social, cultural y lingüístico (no hablaban catalán!). El alcalde de Santa Coloma pidió que les liberaran de estos “murcianos llenos de lacras morales”. Sin embargo, las casas baratas contaban con una parroquia (llamada del Bon Pastor) y con un cuartel de la Guardia Civil, que controlaba en todo momento esta población de “indeseables”.

Durante la Guerra Civil y la Dictadura de Francisco Franco, el barrio sufrió toda clase de violencia Fue mayoritariamente anarcosindicalista, anticlerical, rebelde incluso contra las autoridades de la República: y sufrió una durísima represalia, primero bajo la forma de bombardeos, luego con el exilio forzoso de la población cuando los fascistas tomaron el poder, y durante los años de Franco con el hambre y la miseria endémica, que acompañaron los abusos de poder constante de la Guardia Civil y de los curas, decididos a enderezar esta población de “ovejas perdidas”. El mismo nombre del barrio fue modificado a “Bon Pastor”, por la parroquia cuyo párroco había sido linchado por los habitantes del barrio durante la Guerra.

Pero en el momento de la transición política hacia la democracia, es decir en los años 70, el espíritu rebelde volvió a surgir, en Bon Pastor como en muchos barrios del llamado “cinturón rojo y negro de Barcelona”. Se formaron asociaciones de vecinos que reivindicaban mejoras – semáforos, centros de salud, transporte público – pero que en el fondo realizaban protestas en contra de la dictadura misma. La paradoja de la llegada de la democracia, que en realidad es de todo el Estado Español, es que las mismas asociaciones de vecinos que en estos años protestaban contra el poder de la dictadura militar, cuando llegó la democracia pasaron a revestir un papel importante en las nuevas administraciones municipales. Así que, si la Asociación de Vecinos de Bon Pastor había estado duramente en contra del derribo de las Casas Baratas, cuando lo propuso el alcalde franquista Porcioles, cuando este mismo proyecto vino desde los partidos de la izquierda, pudo contar con el apoyo de la misma Asociación.

Si en los años 80 y principios de los 90 la política del Ayuntamiento había sido de rehabilitar y renovar estas viviendas públicas, para ofrecer mejor calidad de vida a sus habitantes, a partir de la época de las Olimpiadas (que se celebraron en Barcelona en 1992) Bon Pastor no pudo escaparse de la embriaguez inmobiliaria generalizada, y el plan de derribo volvió encima de la mesa. En los 90 ya salieron artículos en los periódicos: “El Ayuntamiento construirá mil pisos para sustituir las ochocientas casas baratas del barrio” (La Vanguardia, 26/10/1998). El proceso que empezó a partir de entonces es el que el Ayuntamiento llamó “proceso participativo”, pero que los habitantes del barrio vieron en su mayor parte como una estrategia de legitimación de una decisión ya tomada. El derribo de las Casas Baratas fue aprovado definitivamente en 2003. El gran logro de la “izquierda” fue de saber presentar este viejo plan burgués de recuperación de estos terrenos, como una “demanda vecinal” que mejoraría la calidad de vida de los habitantes. El papel de la Asociación de Vecinos fue clave: sistemáticamente, en los medios de comunicación, enseñaban las más pobres e indignas de las viviendas, negando una realidad muy evidente al pasearse por el barrio, que después de muchos años de marginalidad, muchos habitantes habían podido arreglarse sus casas, con una segunda planta o con un jardín delantero, y disfrutaban de una buena calidad de vida. Bon Pastor, para muchos, es el estilo de vida “horizontal”, comunitario y al aire libre, que desaparecerá cuando todos se mudarán a los nuevos pisos.

Por esta razón, con la aprovación del Plan empezaron las protestas. Un grupo de ex-miembros de la Asociación de Vecinos, y de habitantes afectados y contrarios al Plan, se organizaron para oponerse al derribo de las casas, y a las condiciones de acceso a las viviendas. Los viejos contratos de alquiler indefinidos, por los cuales se pagaban 20, 30 euros al mes, desaparecen, y son sustituidos por hipotecas o alquileres de 300 euros. A pesar de su escaso poder de influencia sobre las decisiones municipales, estos ancianos “combativos” obtuvieron la simpatía de muchos grupos de otras parte de Barcelona, interesados en oponerse a la política especulativa que estaba acompañando el nuevo macroproyecto urbanístico, el Fòrum de las Culturas de 2004. Bon Pastor, parte del área afectada por el Fòrum y por la nueva estación de Alta Velocidad de La Sagrera, era uno de los barrios clave de la nueva gentrificación que estaba sufriendo Barcelona. En 2007 hubo un violento desalojo de familias del barrio que se oponían al plan; y en 2009 un grupo de arquitectos y otros técnicos, principalmente procedentes del ámbito del activismo, decidieron trabajar juntos para buscar una solución alternativa al derribo de las casas baratas.

Pensar una alternativa al derribo no es fácil: en primer lugar porque los habitantes, ya cansados de tanta protesta y mal ambiente, en su mayoría han abandonado la idea de poder rehabilitar las casas, y han dejado de hacer los trabajos de mantenimiento básico que las casas necesitan. La idea de que las casas baratas sean “patrimonio histórico”, aunque para quien venga de fuera es evidente, para sus habitantes, acostumbrados al desprecio institucional, y a la propaganda continua sobre lo “obsoletas” que son sus casas, les resulta extraña. Así que muchas son las barreras que habría que superar para crear un “otro Bonpastor posible”. Sin embargo, cuando el grupo arriba mencionado promovió un “Concurso internacional de ideas”, desde todo el mundo llegaron más de 40 propuestas de alternativas, participativas, respetuosas del patrimonio histórico, y sin desalojos, para las Casas Baratas. (las propuestas pueden consultarse en la página del concurso: http://repensarbonpastor.wordpress.com)

Ahora nos encontramos en la dificil situación que, todo y haberse demonstrado que las casas baratas podrían rehabilitarse, los habitantes de la mitad del barrio ya se han trasladado a los nuevos pisos; los que quedan (unas 500 casas baratas) necesitarían recuperar la fe en un cambio posible (quizás la crisis económica española es un elemento a favor?), si se garantizara un acceso realmente generalizado a las viviendas. El miedo a perder la casa y a “perderlo todo” es tan grande, que a veces parece que, en el imaginario colectivo, poca cosa ha cambiado entre los habitantes de Bon Pastor desde el tiempo en qué se consideraban oficialmente como “indeseables” y eran tormentados por los desalojos y el hambre. Cuatro generaciones después de su migración, estas familias obreras no pueden decir de haberse “integrado” del todo en las dinámicas de la nueva ciudad: cuando hay falta de terreno, son ellos quienes tienen que pagarla.